“Los que tiene que conocerse se conocerán”…

“Cuando esté listo para aprender, se le proveerá de las oportunidades para enseñar”…

“Y así es como el alumno y el maestro parecen reunirse en el presente, encontrándose el uno con el otro como si nunca antes se hubiesen conocido”…

“Siempre que dos hermanos se juntan con el propósito de aprender, el Maestro de Dios les habla”…

“Las demarcaciones que habían establecido entre sus papeles, sus mentes, sus cuerpos, sus necesidades, sus intereses y todas las diferencias que pensaban les separaban, se debilitan, se desvanecen y desaparecen”…

“Aquellos que han de aprender el mismo curso comparten un mismo interés y un mismo objetivo”…

Jesús, UCDM

Estos son tus encuentros, hermano mío.

Ninguno de ellos es casual. Ningún encuentro es más o menos importante que otro. Todos sin excepción son el reflejo, la proyección de tu estado mental. Cada encuentro que tienes, con situaciones, personas o cosas es por igual un reflejo, la materialización de una decisión mental que has tomado.

Probablemente no recuerdes el momento en que la tomaste, el momento en que ambos decidieron “juntarse para recordar”, pero allí está, ante ti, tu reflejo…“por sus frutos”…mostrándote lo que has pedido, lo que convocaste.

Y tu hermano (evento, situación, persona, tu propio aspecto físico), acudirá a la cita tal y como lo llamaste. Portando exactamente el aspecto, las características, las experiencias, las vivencias que tú mismo generaste para llenar tu imaginario vacío interno.

Es tu hermano por razón de haber aparecido en tu experiencia, y del regalo que porta para ti.

La relación con tus padres, tus hijos, tus vecinos, tu comunidad, tu relación de pareja, tus relaciones laborales, la relación que guardas con tu cuerpo, el grado de salud o enfermedad que este refleja, la relación que mantienes con el dinero, con la sexualidad, con tu nivel académico, toda interacción incluso con aquello que consideras “insignificante” o “trivial” en tu mundo, así como lo que consideras encuentros “casuales”, te pertenece, le has invitado y ha aceptado la invitación.

Todos ellos, si se perciben correctamente, desde un estado de aceptación y genuina gratitud, desde un estado de no juicio, o resentimiento, a través del milagro, se transforman en el maestro perfecto.

A primera vista les juzgas, les atacas. Aparece el enojo, la ira, tal vez, un profundo sentimiento de rechazo, resistencia, no aceptación, y el punzante deseo de alterarles, de sacarlos de tu vista, a algunos de ellos, para siempre.

Esto se manifiesta como el intento de cambiar ciertos aspectos de lo que sale a tu encuentro.

Es tu profundo deseo egocéntrico de hacer la realidad a tu medida. De percibir la creación como tú la hubieras hecho y no como simplemente, es. Incluso a aquellos que a primera vista te parecen “perfectos”, a estos les inventas un “pero”, un pretexto para no amarles.

De muchas maneras, de la más insistente a la más sutil, intentarás cambiarlo todo, torcerlo, alterarlo, para que tome la forma y el curso que según tú, desde tu percepción y manera de ver el mundo, tienen adoptar  y seguir.

No contemplas nada con agrado. El amor no está presente allí donde se busca que las cosas, personas o eventos sean diferentes. Donde se piden cambios y se exigen alteraciones o ajustes. Cuando no hay aceptación total, no hay amor en absoluto. El amor es total, o no es amor.

Aquiétate hermano mío. No caminas solo por tierras extrañas. Esta no es tu casa, lo sabes bien.       Pero no camines buscando la “la salida” individualmente y en solitario.

Observa el miedo, contempla tu enojo, tu ira, tus reacciones, tus emociones, hasta la más mínima molestia que aparezca en el espejo de tu mente. No temas al miedo. Tú le inventaste. No es real. No puede haber sido creado por el Creador de la Verdad y de lo Eterno, pues Él sólo crea lo que es igual a Él. Y lo único igual a Él es el amor.

Por lo tanto, aquello que no es como Él, simplemente no existe, no existió, ni existirá jamás.

Eso que percibes tan real es invención tuya, sueño, ilusión. Nada tiene que ver con el amor real.

Pero asegúrate de no negar lo que crees estar viendo. Por taparte los ojos no desaparecerá.           No ocultes de la luz tus pensamientos dementes. Si lo haces, no podrán ser sanados en lo más mínimo. Lo que ocultas de la luz no se podrá iluminar y permanecerá en la oscuridad saliendo a flote cada tanto tiempo, sólo para volverse a esconder y volver a salir, haciéndote vivir un auténtico sube y baja emocional, manteniéndote alejado de la verdadera paz mental.

Confundirás entonces los momentos fugaces, placenteros, con felicidad auténtica. Pero la autentica felicidad, no cambia, no varía, no se tambalea ante la contingencia o la adversidad. Es inalterable como aquello que la genera. Llega y se queda para siempre. Y al sentirla no la vuelves a confundir con nada que no sea ella.

En tu búsqueda honesta de la paz, en tu viaje imaginario de regreso a casa, en algunas de las etapas de este viaje sin distancia, te encontrarás con el miedo de frente. En algunos de los tramos de este camino por momentos todo olerá mal. Todo se verá densamente negro. Todo parecerá desajustarse, romperse, descomponerse, ponerse patas arriba. Pasarás por auténticos momentos de lucha batiéndote a duelo con tus demonios internos, aparecerán tentaciones, tribulaciones, incertidumbre de todo tipo.

Verás aparecer ante ti testigos con los que jurarás no tener nada que ver. Pero ahí están.                   Tú los invocaste, los invitaste, y ahí están.

Pide ayuda hermano mío. No estás sólo. Recibirás respuesta de inmediato.

Una ayuda que ha de venir desde más allá del sueño de miedo, desde fuera de este campo de batalla imaginario que parece tan real.

El Espíritu Santo, Cristo, el mensajero de Dios para su inocente Hijo amado por siempre, permanece alerta y dispuesto a atender el más mínimo de tus ruegos. Tal como se lo ha prometido a Dios, acudirá en tu ayuda ante la mínima insinuación que le hagas de que le necesitas, y de que quieres volver a casa. Llegará a atender la más leve de tus aflicciones.

Aparecerá trayendo testigos de tu eterna inocencia, del Amor que el Padre siente por ti y ha sentido siempre. Un Amor que no ha cambiado por nada que creas que has hecho mal.

Te hablará de tu invulnerabilidad y de tu perfecto estado de abundancia. Te traerá regalos que superan con mucho tus expectativas, lo que te puedes proveer por tu cuenta, o las soluciones con que soñabas a tus problemas imaginarios.

Un verdadero cambio en tu estado mental se activará de la mano de Cristo. Esa es su respuesta. Tan clara, tan rápida y certera como tu voluntad de escucharle y de aceptarle. Tan nítida como tú falta de expectativas.

Se producirá un auténtico cambio en tu manera de contemplar el mundo, un cambio en tu manera de percibirlo todo, de percibir a los maestros que habías contemplado con rechazo, con miedo, con odio y resentimiento.

Ahora en tu mente serena, aparecerá un estado de quietud, de certeza, de aceptación. Algo se calmó, algo se aclaró, algo se transformó, algo se iluminó. De algo te acordaste.

Desde el instante santo en que convocas con humildad a Cristo, reconociendo que le necesita y que no deseas valerte más de un insignificante “poder” que hasta ahora ha servido de poco, el milagro te muestra que tus maestros aparecen en el momento perfecto, como el maestro perfecto, en el lugar exacto donde este maestro debía aparecer, para “regalarte” y ayudarte a capitalizar, todo el caudal de experiencia de recuerdo y aprendizaje, que cada encuentro tiene el potencial de ofrecernos.

Tus maestros, benditos portadores del mismo pedido desesperado de ayuda y de amor que tú, te estarán eternamente agradecidos por haber oído sus súplicas, y por haber traído a sus mentes el recuerdo de Dios, al haber solicitado el instante santo para ti y para ellos. El recuerdo de un estado de inocencia eterno que todos hemos olvidado y creíamos perdido.

La relación habrá resucitado, habrá renacido como una relación nueva…“cuando dos o más estén en mi nombre ahí estaré”

Hermano mío, tienes pleno derecho al milagro de la relación santa por razón de Aquel que nos creó.

Tienes derecho a experiencias permanentes de dicha, abundancia, paz, plenitud en todo sentido, por ser Quién eres. Tienes derecho a esto, y mucho más por haber sido creado por El que nos creó, y nos dio vida eterna como sus inocentes Hijos, libres de culpa para siempre.

Es tu herencia. Un derecho por naturaleza que heredamos de nuestro Padre.

Sencillamente basta con invocar a Cristo para que acuda a nuestro llamado cuando nos hemos desviado del camino, algo que sabremos por nuestro estado de ánimo, nuestra emoción

Deleitémonos juntos al contemplar con serena aceptación y profunda gratitud, como a través del milagro, nuestros hermanos, benditos maestros, se convierten en Ángeles de la Guarda que iluminan con luz radiante el seguro camino de regreso a casa.

About Claudio Fernando Mastroianni
Contactarme en fernando@uncursodemilagros.com.mx

Escríbenos lo que piensas...
and oh, if you want a pic to show with your comment, go get a gravatar!

Get Adobe Flash playerPlugin by wpburn.com wordpress themes