Glosario de Términos
Abundancia:
Principio de plenitud que contrasta con el principio de escasez que el ego sostiene. El Hijo de Dios no carece de nada, salvo en sueños. El Hijo de Dios lo tiene todo al serlo todo, desde su Creación.
Aceptar la Expiación:
Aceptar la irrealidad de la separación, el pecado, la culpa y la enfermedad, siguiendo la aplicación del perdón de todas nuestras relaciones especiales de la mano del Espíritu Santo. Esta es nuestra única responsabilidad.
Altar:
La parte de la mente que elige a Dios. No es una estructura externa, es una actitud o devoción.
Amor:
La esencia del ser de Dios y de la relación con su creación, que es inmutable y eterna; está más allá de toda definición y de toda enseñanza, y sólo puede experimentarse o conocerse una vez eliminadas las barreras de la culpa a través del perdón genuino y verdadero, de la mano del Espíritu Santo.
Para Un Curso de Milagros, son sinónimo de Amor los conceptos de: Unión, Paz, Perdón, Confianza, Mansedumbre, Fe, Abundancia, Conocimiento, Generosidad, Honestidad, Salud.
Ángeles:
Extensiones del Pensamiento de Dios; símbolos de la luz y protección de Dios que siempre nos rodea, puesto que en verdad nosotros jamás nos hemos separado de Él; no deben confundirse con la idea popular de los seres celestiales, los cuales son inherentemente ilusorios.
Anti-Cristo:
Símbolo del ego y de la creencia de que existe un poder que puede oponerse a la omnipotencia de Dios y que puede negar la realidad de Cristo.
Ataque:
Intento de justificar la culpa proyectándola en los demás. Luego de proyectarla fuera de nosotros, al verla en otros, el ego nos persuade de atacarla con la esperanza de des-hacernos de ella. Lo cierto es que así solo logramos reforzarla en nuestro hermano y en nosotros, multiplicándola. También se relaciona con el “ataque” que creemos que Dios nos infligirá como efecto de haber usado la mente que nos otorgó, al servicio de la separación.
Brecha:
El espacio ilusorio que como producto de la idea de separación creemos que existe entre Dios y nosotros o entre nosotros y los demás. El cuerpo juega un papel fundamental en este espacio.
Causa y Efecto:
Uno depende del otro. Todo aquello que pensamos es causa y el efecto, el reflejo de dichos pensamientos en el plano material.
Damos así “origen” a la experiencia que vivimos (soñamos), como el efecto exacto, el testigo fiel, de aquellos pensamientos que previamente instalamos en la mente acerca de lo que somos. Dice Un Curso de Milagros: “toda decisión que tomas (efecto) es invariablemente la respuesta a la pregunta: ¿Quién es mi padre (causa)?”. Así veremos aparecer un mundo ante nuestros ojos que será el fiel reflejo de cómo hemos contestado esta pregunta.
“No hay pensamientos fútiles” nos dice Jesús en Un Curso de Milagros ya que todo pensamiento (causa) genera materialización (efecto), el mundo que vemos.
Por otra parte y basado en el mismo principio, en una lección del libro de ejercicios se nos recuerda: “sólo mis propios pensamientos, puede hacerme daño”, el pensamiento de percibirnos separados es el gran generador de toda nuestra experiencia de juicio, enfermedad, tristeza, pesar, carencia y sufrimiento.
La abundancia, la dicha, la felicidad, la salud, la paz interior (efecto) aparecen cuando corrijo mis pensamientos (causa) de separación a través de la aplicación del genuino y auténtico perdón, de la mano del Espíritu Santo.
Cielo:
El conocimiento. Donde mora Dios y su creación en perfecta unidad. Aquí en el mundo del sueño, de la ilusión, el Cielo se ve reflejado en la Relación Santa.
Comunicación:
Sinónimo de conocimiento, de creación, de nuestra relación unificada con Dios, la cual puede compararse con el fluir del espíritu y del amor. Sólo el espíritu puede comunicarse, contrario al ego que está separado por naturaleza.
Experimentamos comunicación en la mente recta a través del Espíritu Santo al convertirnos en un canal para la expresión del amor a través de nosotros.
Comunión:
La unión eterna Padre, Hijo y Espíritu Santo, que pareció romperse con la separación; la conciencia de esta unión del espíritu se restablece en nosotros a través de la relación santa; no debe confundirse con el significado católico tradicional del término, el cual recalca el compartir del cuerpo(no de la mente) de Jesús en la liturgia de la Eucaristía de la misa.
Conocimiento:
El Cielo o la Morada de Dios. Donde no existe la percepción. Donde no existe el juicio, ni es necesario el milagro, donde la fe no es necesaria. El estado pre – separación en el cual no hay diferencias de formas. No debe confundirse con el término común de conocimiento que involucra el dualismo donde el personaje o el sujeto, conoce y el objeto es conocido.
Creación:
La extensión del ser o espíritu de Dios, la Causa, que resultó en Su Hijo, el Efecto; se describe como le Primera Venida (el primer Advenimiento) de Cristo; la función del Hijo en el Cielo es crear, tal como fue la de Dios al crearlo a Él.
Creaciones:
La extensión de nuestro espíritu. Los efectos de nuestra capacidad creadora, análoga a la creación cuando Dios creó a Su Hijo al extenderse a Sí mismo; como extensiones de Cristo. Nuestras creaciones son parte de la Segunda Persona de la Trinidad; la creación sigue su curso en el Cielo, más allá del tiempo y del espacio, e independientemente de la falta de consciencia que de la misma tiene el Hijo en este mundo.
Cristo:
La Segunda Persona de la Trinidad; el único Hijo de Dios o la totalidad de la Filiación; el Ser que Dios creó por medio de la extensión de Su espíritu; aunque Cristo crea tal como lo hace Su Padre, Él no es el Padre, puesto que Dios fue Quien creó a Cristo.
Crucifixión:
Un símbolo del ataque del ego contra Dios y por lo tanto a su Hijo, el cual da testimonio de la “realidad” del sufrimiento, el sacrificio, la victimización y la muerte que el mundo parece manifestar.
La culpabilidad interna que se sintió en una época y que aún perdura por quienes permitieron y propiciaron la crucifixión de Jesús.
Ejemplo extremo que enseño que nuestra verdadera Identidad es el amor, que no está en el cuerpo y que jamás podrá ser destruida.
Hoy en día el mundo de la ilusión sigue rindiendo culto y culpándose de la crucifixión equivocando el mensaje que Jesús quiso dejar, sintiéndose responsable por un hecho que se tergiversa al creer que Dios envió a su amado Hijo para que fuera un redentor doliente por todos nuestros pecados y muriera por nosotros como una especia de “ofrenda” a un dios castigador, despiadado, enjuiciador y colérico. Sin duda una idea descabellada de principio a fin.
Cuerpo:
La encarnación del ego. El pensamiento de separación proyectado en el mundo de la materia. El testimonio de la culpabilidad que siente el Hijo de Dios por percibirse separado del Padre. Incluye el cuerpo físico y el psicológico.
A través del “mínimo de buena voluntad”, si se lo permitimos, el Espíritu Santo, el Gran Maestro, toma el cuerpo al igual que todo lo fabricado por el ego en este plano, y lo re-interpreta, convirtiéndole en un instrumento al servicio de la consecución de nuestra paz, sanándole y transformándole en una herramienta de comunicación con nuestros semejantes al servicio del Gran Plan de Dios.
Culpa:
Estado que surge al percibirnos pecadores. Es la suma de los sentimientos adversos que tenemos con relación a nosotros mismos. Es el sentimiento que surge al percibirnos lejos de casa, lejos del Padre. El sentimiento que nace como efecto de pensar que hemos traicionado, engañado y atacado a Dios.
Este pensamiento en ocasiones consciente y en otras no tanto, aflora como un sentimiento hacia nosotros de indignidad, de vulnerabilidad, de debilidad, de poca valía, de vacío interno y de no ser aptos.
Percibiéndonos culpables, tal y como nos lo hemos enseñado, nos creemos merecedores de castigo. Producto de esta percepción errónea, creyendo en la idea de culpa, salimos a la búsqueda de todo tipo de situaciones que den testimonio de que nuestro estado de culpabilidad es real, y así transformamos todas las situaciones en las que nos involucramos en el “merecido y justo” castigo a dicho estado, por supuesto ilusorio.
Curación:
La corrección en la mente de la creencia en la enfermedad que hace que la separación y el cuerpo permanezcan reales; el efecto de unirse con otro en una experiencia de auténtico perdón, lo cual cambia la percepción de cuerpos separados – la fuente de toda enfermedad – al propósito compartido de la curación en este mundo; puesto que la curación está basada en la creencia de que nuestra verdadera Identidad es el espíritu, no el cuerpo, la enfermedad de cualquier clase tiene que ser ilusoria, ya que sólo el cuerpo o el ego puede sufrir; la curación refleja de esta manera el principio de que no hay grados de dificultad en los milagros.
Dar/Recibir:
Son parte de la misma cosa toda vez que cuando damos es a nosotros mismos a quien damos. En contraposición con la idea del mundo de que al dar, “perdemos”, Un Curso de Milagros nos muestra que al ser todo una idea, un pensamiento, al dar, cuando el otro recibe y hace suyo ese pensamiento que compartimos, esa idea la reforzamos en él y en nosotros, y lejos de perder, multiplicamos lo que compartimos. La única forma de tener algo es dándolo.
Decisión:
La última libertad que nos queda como prisioneros de este mundo es nuestro poder de decisión; si bien no se conoce en el Cielo, donde nada hay que decidir, en este plano somos el “tomador de decisiones”. Debemos corregir la única decisión errónea: “percibirnos separados de Dios”. De esta decisión se fabricó todo el mundo tal como lo percibimos. Así como decidimos una cosa, percibirnos separados, podemos decidir nuevamente, de hecho a eso vinimos a esta experiencia llamada vida.
Defensas:
La dinámica que usamos para “protegernos” de nuestra culpa, nuestro miedo y del aparente ataque de los demás, lo más importante de esta dinámica son la negación y la proyección; por su naturaleza misma “las defensas dan lugar a lo que quieren defender” puesto que refuerzan la creencia de nuestra propia vulnerabilidad, aumentando así nuestro miedo y nuestra creencia de que necesitamos defensa.
Si se observa a través del Espíritu Santo, servirá como medio para saber que estamos ocultando y que área de la mente aun necesitan curación, o bien, la aplicación del verdadero perdón.
Despertar:
Cuando se menciona la separación, se menciona como un sueño del cual necesitamos despertar; la salvación, por lo tanto, consiste en escuchar al Espíritu Santo – la llamada a que despertemos – en nosotros mismos y en nuestros hermanos: de ese modo aceptamos la unidad de unos con otros, lo que propicia el des-hacimiento de la idea de separación que originó el sueño.
Demonio:
Una proyección del ego de la culpa hacia un agente externo.
Dicha (Felicidad, Júbilo, Gozo):
La Felicidad es la Voluntad de Dios para nosotros, la cual se logra a través del cumplimiento de nuestra función aquí en la tierra, perdonar.
Dios
La Primera persona de la Trinidad. El Padre, La fuente, La Maravillosa Energía Universal, el Creador, unida eternamente a su Hijo al que Creó a imagen y semejanza de una calidad de pensamiento idéntica.
Disociación:
Una defensa del ego. La idea de que estamos separados. El reforzamiento del miedo. El intento del ego de sostener y afirmar que existen dos sistemas de pensamiento diferentes.
Ego:
El personaje, el falso yo, la mente errada. La mente dividida del Hijo de Dios que se percibe separada del Padre. La “loca idea” que se coló en la poderosa mente del Hijo de Dios durante su sueño en la que piensa que puede ser su propio creador.
La idea de que al Hijo de Dios pueden sucederle cosas o situaciones, contrarias a su voluntad.
Como nada Eterno puede ser dividido ni separado, es simplemente una ilusión un sueño en la mente del Hijo de Dios que se percibe separado.
Enfermedad:
“Una defensa contra la verdad”. Ausencia de amor. Una búsqueda de respuestas, fuera. La división que el Hijo de Dios percibe en su mente al creer en la separación. Esta percepción de separación que se da en la mente, se proyecta al cuerpo.
La enfermedad que el cuerpo manifiesta no está en el cuerpo si no en la mente.
El cuerpo para Un Curso de Milagros como todo lo fabricado en el plano material, es neutro. Todo en este plano cobra “vida” según se le de utilidad a favor del ego o del Espíritu Santo. El ego al no poder acaparar toda a la mente, pues esta aun conserva el recuerdo de su verdadera identidad, se vale del cuerpo como herramienta para manifestar su culpabilidad y perpetuar el ataque al proyectar.
El Espíritu Santo por otra parte si se lo permitimos, al corregir la percepción a cerca de quienes somos, toma el cuerpo, lo pone al servicio del plan de sanación del Hijo de Dios borrando cualquier rastro, sin excepción, de enfermedad en el.
Espíritu:
La naturaleza de nuestro Ser. Nuestra esencia. Lo Eterno, lo inmutable, lo que nunca muere, lo que nos une al Todo del que somos parte. El resultado de haber sido creados a imagen y semejanza de nuestro Padre. Para Un Curso de Milagros es sinónimo de Pensamiento.
Espíritu Santo:
La Tercera Persona de la Trinidad. La respuesta de Dios a la idea de separación que surgió en la mente del Hijo durante el sueño. El Nexo, el Interlocutor, el Re-interprete, el Vínculo entre Padre e Hijo. La voz de Dios que habla por Él. El Espíritu Santo es el guía perfecto. Si se lo permitimos evaluará absolutamente todo lo que hagamos en el plano físico en función de cómo contribuye a nuestra paz y a nuestra felicidad. En virtud de dicha contribución lo conservará o simplemente le acercará luz y lo hará desaparecer. Evalúa todo bajo la misma premisa: “solo lo amoroso es real”.
Expiación:
Es el plan de corrección del Espíritu Santo para des-hacer el ego y sanar la creencia en la separación. Surgió con la creación del Espíritu Santo luego de la separación.
Expiar es des-hacer. El mundo de ilusión nos convoca en todo momento a hacer, a la acción. El Espíritu Santo nos convoca a no-hacer que es lo mismo que des-hacer la ilusión. Nuestra única responsabilidad como estudiantes de Un Curso de Milagros es aceptar la Expiación para nosotros mismos, es decir des-hacer el error de que estamos separados del Padre. Todo conflicto, todo desasosiego proviene de una idea equivocada de estar separados del Padre. Si Expiamos ese error, recobraremos nuestro estado natural de dicha, paz y armonía. La Expiación se vale del perdón para des-hacer la ilusión de separación que tanta culpabilidad nos ha generado.
Extensión:
Extender es compartir la visión del Espíritu Santo o de Cristo a través del perdón. El uso que el Espíritu Santo le da a la mente, en contraposición al uso que le da el ego mediante la proyección.
Fe:
La expresión de donde escogemos depositar nuestra confianza. Según donde la depositemos tendremos un resultado determinado. Si la depositamos en la ilusión veremos un mundo caótico de culpabilidad, de conflicto, enfermedad, carencia, conflicto. Si la depositamos en la verdad, veremos un mundo perdonado de abundancia, paz, dicha, armonía. No es que no tengamos fe es que en ocasiones generalmente no sabemos donde la depositamos.
Forma y contenido:
El ego trata de persuadirnos de que tenemos innumerables problemas. Para ello nos muestra un sin fin de formas detrás de las cuales según él se esconden todos nuestros problemas. Lo cierto es que el contenido de todos los problemas más allá de las formas es el mismo, la idea de separación.
El Espíritu Santo corrige todos nuestros aparentes problemas en el origen, en la mente, solucionándoles a todos con la misma ´”fórmula”: donde hay oscuridad, lleva luz, donde hay ausencia de amor, lleva amor mostrando que todos los problema son en realidad el mismo.
Gracia:
El estado natural del Hijo de Dios. El estado al que regresamos a través de la aplicación del debido perdón de todas y cada una de las situaciones que nos parecen suceder. Está por encima del aprendizaje ya que no se puede enseñar ni se puede aprender.
Gratitud:
Bendecir, agradecer, perdonar es lo mismo. El estado de agradecimiento al Padre por habernos creado perfectos una vez y para siempre. Gratitud por todas aquellas cosas o situaciones, que parecen sucedernos pues en ellas se halla la oportunidad de acordarnos de Él.
Hacer – Fabricar / Crear:
El Espíritu crea (no hace- acepta – conoce). El ego fabrica (juzga – mal crea – hace).
Hacer o mal crear, sólo conduce a más ilusiones. Fabricamos o “mal creamos” desde nuestra insuficiencia, desde nuestra carencia. Cuando fabricamos lo hacemos con la finalidad de llenar un vacío.
Crear, sólo ocurre en el plano del conocimiento no en el plano de tiempo y espacio.
Hijo de Dios:
La Segunda persona de la Trinidad. El Cristo que es nuestro verdadero Ser.
Humildad – Arrogancia:
La humildad es la mente recta, la cual reconoce su eterna dependencia de la mente de Dios. Reconoce a su vez haber sido creados a Imagen y Semejanzas, perfectos, eternos, invulnerables. Reconoce que nada absolutamente puede acontecernos en contra de nuestra voluntad, ni que hemos de carecer de nada salvo que así lo queramos.
La arrogancia por el contrario es la que dice que podemos tener limitaciones, falencias y que realmente lo que fue creado una vez y para siempre perfecto, pudo volverse imperfecto y limitado.
El ego dentro de su demencia confunde un concepto con el otro y nos asegura que no somos dignos de alcanzar y proveer la salvación.
Infierno:
La ilusión de un lugar de culpabilidad, muerte, desolación, enfermedad, carencia, sufrimiento, sacrificio, relaciones especiales. En lugar donde según el ego se nos castigará.
Instante Santo:
El instante donde el lugar de ver culpabilidad vemos perdón. Un instante donde en lugar de ver ataque, vemos pedido de amor, de ayuda.
Ilusión:
Algo que se cree que es real, pero no lo es. La idea de separación de Dios, es la ilusión sobre la que descansan todas las manifestaciones del mundo separado.
Inocencia:
Para el ego es la idea que asegura que, de ser nosotros inocentes, los demás han de ser culpables, pues la culpa ha de recaer en alguien. En su ceguera demencial, alguien tiene que perder para que yo gane. Nuestra inocencia estará asegurada si encontramos un “chivo expiatorio” sobre el que depositar nuestra culpabilidad, una víctima. No importa quién ocupe ese lugar.
Para el Espíritu Santo, nuestro estado inmutable en el que fuimos credos una vez y para siempre. Jamás hemos perdido la inocencia y más allá de lo que hagamos en el sueño, seguiremos eternamente siendo el Hijo de Dios bendito, impecable e inocente. Lo que hagamos en este plano no quita ni atribuye valor alguno a nuestra verdadera Identidad. Ese valor ya nos lo dio Dios.
Cristo nos asegura en Un Curso de Milagros que, pronto todos caminaremos con un único pensamiento en la mente: “El Hijo de Dios es inocente, el pecado no existe”.
Instante Santo:
Un intervalo fuera del tiempo en el cual escogemos el perdón en lugar del juicio, el milagro en lugar del agravio, el Espíritu Santo en lugar el ego. La expresión de nuestra pequeña dosis de buena voluntad de convocar a toda situación al Espíritu Santo, solicitando su intervención. La decisión de vivir el presente, el cual nos abre paso, a la eternidad en vez de aferrarnos al pasado y temerle al futuro.
Jesús:
La Primera persona, el “YO” del Curso de Milagros. Nuestro hermano, creado al igual que todos nosotros a imagen y semejanza del Padre. El hombre que venció al mundo y des-hizo al ego.
Sólo en el mundo del tiempo difiere de nosotros ya que no tiene ego. En el mundo de la eternidad es uno de nosotros. Integra junto a nosotros, la Filiación, la Mente del Hijo de Dios.
Es el “modelo a seguir” para Un Curso de Milagros ya que además de ser quien es, amorosamente nos muestra el camino, nos muestra que es posible un estado de consciencia del Ser UNO, con la fuente.
Es posible nos dice Cristo alcanzar el Cielo, y nos muestra el camino, al haber sido un hombre que culminó el proceso de Expiación.
Él es Quien amorosa y dulcemente nos acompaña en todo el trayecto de regreso a casa asegurándonos un final feliz.
Juicio Final:
El final de todas las ilusiones. La culminación del proceso de Expiación por parte del Hijo de Dios.
Justicia:
La corrección que hace el Espíritu Santo al vernos a todos exactamente iguales como Hijos de Dios, mostrándonos que todos sin excepción somos igualmente santos y amados para Dios. El final del sacrificio y la creencia de que la ganancia de unos es la pérdida de otros.
Libre albedrío:
Solo existe en el mundo de la ilusión, de las formas, donde aun entendemos que tenemos opciones y que debemos decidir. La decisión es pues, si actuar con el ego como guía o con el Espíritu Santo. En el Cielo es innecesario ya que hay una única voluntad, no hay nada que decidir.
Somos libres para creer lo que es la realidad, pero no somos libres para cambiarla. Nuestras creencias no afectan la realidad tal como Dios la creó, pero sí afectan aquello que creemos y experimentamos como la realidad.
Maestro de Dios:
Todos quienes optamos por aprender y enseñar la lección del perdón. Todos somos alumnos y maestros a la vez ya que estamos en constante aprendizaje, unos con otros. La decisión de dejar de ver intereses separados y de unirme a otro en el camino hacia el despertar. Ver que todos andamos en la misma búsqueda.
Todo aquello que enseñamos, que mostramos al mundo lo reforzamos en nosotros mismos. Todo aquello que enseñamos, es a nosotros mismos a quien lo enseñamos.
Al ser la vida diaria, la cotidianeidad nuestra gran salón de clases, a diario estamos desempeñando ambas funciones. Bastará con tener en todo momento presente la idea de: “que deseo aprender”, ya que eso es exactamente lo que debo enseñar.
Magia:
Cualquier cosa del mundo físico y de la materia que creemos que nos aportará una solución.
El intento de resolver un problema mental con algo físico.
Mente:
“El principio activo del espíritu el cual suministra la energía creativa, Sinónimo de Espíritu. El nivel donde se generan los pensamientos, donde se encuentra la conexión con el Padre. El nivel donde el Hijo de Dios es UNO. El nivel donde se encuentra la energía creadora.
Puede estar errada o correcta dependiendo a la voz que escuche.
Mente correcta:
La parte de nuestra mente que acepta sin interponer obstáculos ser guiada por el Espíritu Santo, que es consciente de cuál es nuestra verdadera Identidad, que sabe que no estamos solos nunca, menos al momento de tomar decisiones o de actuar y por ello apela a quien sabe perfectamente el recorrido del camino del amor, de regreso a casa y que nos lleva a un estado de paz, de dicha, de abundancia, de júbilo. La parte de la mente que nos alienta a dejarnos guiar, a escuchar, a no-hacer, a confiar. La mente que nos muestra un mundo de esperanza, de belleza, de unión.
Mente errada:
La parte de nuestra mente compulsiva que en todo momento nos insta a hacer, a vivir en permanente búsqueda para obtener siempre “más de algo”. La parte de la mente pensante que nos insta en todo momento a analizar, a dividir a intelectualizarlo todo a separar. La parte de nuestra mene que en todo momento apela al pasado en un intento de hacer del futuro una copia de dicho pasado salteándose el presente. La mente ego.
La mente que cree en el sueño, que cree en la división de lo eterno, que cree que todo lo sabe, que actúa por impulso, sin pedir asesoramiento, que entiende que todo depende de nosotros, que nos habla en todo momento de actuar, de acción, de hacer, de tomar decisiones. La parte de la mente que nos dice que somos “el centro del mundo”. La parte de la mente que nos habla de miedo, de carencia, de angustia, de enfermedades, de conflicto. La parte de la mente que nos muestra un mundo de desolación, de separación, de cuerpos divididos, de carencia y de muerte.
Mente UNO:
La mente de Dios, El Cristo, la Mente del Hijo de Dios, la Filiación.
La mente que trasciende la mente errada y la mente recta. Se halla en el nivel del conocimiento. Trasciende toda percepción.
Miedo:
Sentimiento ilusorio. El “cielo” que fabricó el Hijo de Dios con todo el poder de su mente, en oposición al cielo del Amor. Se originó en el sueño como respuesta al sentimiento de separación, de destierro, de auto-exilio, como respuesta a la sensación de haber perpetuado un supuesto ataque al Padre, de haberle ofendido, de haberle “fallado”. Es el resultado de la culpabilidad que siente el Hijo de Dios por esta supuesta separación y por la cual entiende que merece un debido castigo. El sentimiento que el mundo de la ilusión ha alimentado al sostener que la crucifixión de Cristo fue el “merecido” castigo del Padre ante los pecados de sus hijos.
Milagro:
El cambio de percepción que devuelve a nuestra mente la condición de causa. Un cambio de mentalidad que quita los obstáculos para que experimentemos la presencia del amor dentro nuestro, nuestra herencia natural. Mediante la aplicación del genuino y verdadero perdón y de la mano del Espíritu Santo, el milagro restituye la cordura a la mente des-haciendo toda ilusión de miedo, temor, enfermedad, carencia, llevándola a un plano de serenidad, armonía, paz y dicha. Mediante el milagro, las leyes del mundo se convierten en las leyes de Dios. Se logra al unirnos al Espíritu Santo o Jesús.
Muerte:
El abandono del cuerpo luego de que este ha culminado su función en este plano. Si se ha culminado el trabajo de perdón, el cuerpo se abandonará en paz reflejando este estado de la mente. De no ser así, la muerte reflejará el estado de una mente que lejos de haber terminado un trabajo y un aprendizaje, lo que busca es un escape en un intento demente de huir y no de perdonar. La mente que opta por ello, deberá regresar a esta experiencia a elegir de nuevo y seguir recordando o aprendiendo.
Mundo:
La materialización de la idea de separación. El hijo de Dios al percibir su mente dividida y separada del Padre, soñándose desterrado del Cielo, fabrica el mundo con el poder de su mente al servicio de dicho sueño. Allí da origen al tiempo y al espacio y a todo lo que tiene que ver con el plano de las formas y la materia, a todo lo que tiene que ver con lo perecedero. Fabrica la herramienta necesaria para ver, oler, sentir, oír, percibir, fabrica el cuerpo. Dios no crea el mundo físico, el mundo de lo perecedero un mundo de “vida” y “muerte”. Nada que no hable de eternidad, tiene que ver con lo que Dios crea. En nada de ello está la fuerza creadora de un Dios que sólo crea lo eterno. A través del Curso de Milagros, transformamos este mundo en el verdadero “salón de clases” donde podemos aplicar, de la mano del Espíritu Santo el auténtico perdón que nos permitirá Expiar, corregir nuestros errores y des-hacer la culpabilidad que venimos cargando. De la mano del Espíritu Santo, podemos transitar por este mundo en una actitud de aprendizaje continuo, y como menciona el Curso agradeciendo y bendiciendo cada situación vivida conscientes que el trascender dichas situaciones representa un avance en nuestro camino al Cielo.
Mundo Real:
El estado mental en que, por medio del perdón total, el mundo de la percepción se libera de la proyección de la culpa que habíamos volcado sobre él. Es la mente la que ha de cambiar, no el mundo.
El mundo que vemos es el que no es real. Pero el mundo que vemos no es el que Dios creó.
Negación:
Negar la existencia del cuerpo, negar la sensación de culpabilidad que sentimos. No es la propuesta del Curso de Milagros. Nos recuerda Un Curso de Milagros: “El soñador que duda de la realidad de su sueño mientras todavía está soñando no está realmente sanando su mente dividida”.
Oración:
Muy distinto a lo que el mundo conoce como oración. El Curso de Milagros sostiene que la única oración válida es la del perdón, considerando que ante cualquier evento que juzgamos como adverso, lo único valido es entregarlo al Espíritu Santo, pidiendo “ver esto de otra manera”. Así notaremos como entramos en un estado de aceptación sin juicio con respecto a aquello que nos había causando un trastorno en nuestra paz mental.
La verdadera oración nos dice Jesús en el Canto de la Oración, no es una súplica ni una petición. “No tendrá éxito hasta que no te des cuenta de que no pide nada. El secreto de la verdadera oración es olvidarte de las cosas que crees que necesitas”.
“Orar es hacerse a un lado; un abandonarse, un momento de sosegada escucha y amor”.
Paso final:
Este paso le pertenece a Dios, ocurre cuando la Expiación se ha consumado y todas las interferencias del ego se han eliminado; cuando no quede nada que nos separe de Dios. Él dará el paso final y nos alzará hacia Sí mismo; estrictamente hablando Dios no da pasos, y el término en realidad se refiere a nuestra experiencia de regresar a nuestra Fuente que jamás hemos abandonado.
Paz:
La meta del Curso de Milagros. La condición del logro del conocimiento y el regreso a casa; oculta por nuestra atracción al ataque (culpa), el dolor, la muerte y el miedo a Dios, los cuales se superan al enseñar y aprender el perdón.
Pecado:
La creencia en que la separación es real con todo lo que ella significa, ataque al Padre, engaño, destierro del Hijo. La creencia en un Dios “débil” que creó como producto de su amor a un Hijo, pero que no pudo evitar las consecuencias del ataque que dicho Hijo le infligió, motivo por el que debe castigarle y perseguirle severa y vehementemente con toda su fuerza.
Percepción:
Surge ante la idea de separación. Al separarnos de nuestra Fuente, de Dios, nos alejamos del Conocimiento. Fabricamos un cuerpo y le pusimos al servicio de dicha separación. Al no estar en el Conocimiento, debimos por nuestra cuenta, creyéndonos ser el Creador y no la creación, nombrar, definir, clasificar, etiquetar, juzgar. De esta forma surge la percepción.
Un Curso de Milagros nos propone pasar de una percepción errada, donde juzgamos todo por nuestra cuenta usando el cuerpo como herramienta, a una percepción correcta donde juzgamos todo a través del Espíritu Santo.
Percepción verdadera:
Ver todo a través de los ojos de Cristo, a través de los ojos de Dios o del Espíritu Santo. La visión del perdón que corrige la idea de separación. Es una actitud que des-hace las proyecciones de culpa y nos permite contemplar el mundo real.
Perdón:
Nuestra única función en este mundo. La manifestación más elevada del Amor, con la que de la mano del Espíritu Santo des-hacemos el error de percibirnos separados. Un Curso de Milagros sostiene que dar y recibir son la misma cosa, por lo tanto, ante un pedido de amor, ante todo miedo, el perdón que ofrecemos, al darlo, es siempre a nosotros mismos a quien lo damos.
Necesitamos para contrarrestar la supuesta culpabilidad que cargamos, este perdón. La única forma que tenemos de obtener dicho perdón es otorgándolo. Todo lo que vivimos como experiencia ha sido convocado por nuestro pensamiento, por lo tanto, perdonamos a los demás no por aquello que nos hicieron sino por aquello que nos hicimos nosotros mismos y ellos, “los otros”, sólo ejecutaron en respuesta a todo lo que no habíamos dicho acerca de nosotros previamente a que “nos hicieran” lo que nos hicieron.
El perdón es necesario únicamente en este plano de la ilusión. Podríamos decir que es una “ilusión santa” que contrarresta otra ilusión que es la culpa. Nada ha ocurrido en realidad más que en el sueño, por lo tanto de nada tenemos que perdonarnos. Pero mientras creamos que somos culpables, el perdón seguirá siendo necesario.
Principio de escasez:
La creencia en que estamos carentes de determinadas cosas, la creencia en necesidades.
El pensar que “factores externos” nos proporcionarán satisfacción a estas supuestas necesidades insatisfechas. Esto nos lleva a buscar ídolos, a buscar como dice Un Curso de Milagros, la paz y la felicidad en parajes extraños. El pensar que algo nos falta refuerza la idea de separación al creer que los demás pueden privarme de algo.
Proyección:
Ley fundamental de la mente. Lo que vemos dentro lo proyectamos fuera.
El mundo que vemos es el reflejo de la proyección de nuestra mente.
No hay nada fuera nuestro que no sea el reflejo de la idea que tenemos a cerca de quienes somos. Dicha idea se encuentra en la mente. Allí es donde a través de percibirnos culpables o inocentes, proyectamos “fuera“, un mundo que da testimonio de dicha percepción.
Razón:
Mentalidad recta. Pensar con el Espíritu Santo para elegir aprender sus lecciones de perdón. Ver impecabilidad y no pecado y escoger la visión y no el juicio.
Regalo:
Los regalos de Dios son el amor, la vida, eterna, la dicha, la abundancia, la plenitud.
Los del ego son la angustia, la enfermedad, el miedo, la carencia.
Los regalos del ego los debemos procurar a través de nuestro constante sacrificio y esfuerzo. Los regalos de Dios se nos otorgan a través del Espíritu Santo a través dejarle actuar y guiarnos. Son en este plano el perdón y la dicha.
Relación Santa:
La “arena” del Espíritu Santo.
Es lo que da especificidad al Curso de Milagros. El proceso se desarrolla completamente en el entorno de las relaciones. Toda relación donde vemos al otro como lo que realmente es, como un hermano.
En la Relación Santa, no vemos cuerpos, relaciones biológicas, edades, clases sociales, solo vemos hermanos, semejantes, iguales. Allí en la Relación Santa, Cristo aparece, nos unimos a la mente de nuestro hermano dando testimonio de unidad y no de separación. La Relación Santa es el ámbito de los Milagros.
Relaciones Especiales:
Toda relación donde percibimos niveles de amor. Es imposible que el amor entienda de niveles. Hay amor o no lo hay, pero no puede haber amor con unos y no con otros, o más amor y menos amor. La relación especial entiende que el amor es privativo, exclusivo, selectivo. El amor es absoluto, ilimitado y se da imparcialmente. En la relación especial lejos de extender amor, se priva de él, se cree en la escasez y se trae el miedo y los celos a la relación. La relación especial refuerza la idea de separación no la de unión. Hay dos tipos: Las relaciones especiales de odio y las relaciones especiales de amor. En las relaciones especiales de odio se proyecta toda la culpa y se perpetúa un ataque a dicha culpabilidad. En las relaciones especiales de amor, creemos en la carencia donde personas especiales, llenarán necesidades especiales, con atributos especiales que otros no tienen.
Resurrección:
El despertar del sueño de muerte del ego. El cambio de mente que nos permite identificarnos con nuestro verdadero Ser.
Revelación:
Un instante de comunicación plena con Dios. No es el objetivo de Un Curso de Milagros.
Sacrificio:
La creencia central del sistema de pensamiento del ego.
El ego nos enseña que todo debe costar, todo se logra con “sudor y lágrimas”.
Nada más lejos de la realidad. Nada que tenga que ver con nuestro verdadero Ser requiere esfuerzo ni sacrificio alguno. Dios no desea que su hijo viva en estado de plenitud y felicidad a costa de ningún sacrificio o sufrimiento. Dios no conoce nada de esto. La idea de sacrificio, es invención del Hijo durante el sueño. La voluntad del Padre es felicidad absoluta y duradera sin sacrificios. Por recibir lo que Dios desea para nosotros no debemos pagar ningún precio.
Salvación:
La Expiación, el des-hacer nuestros errores. De lo único que debemos ser “salvados” es de nuestra creencia de ser culpables y es lo logramos a través del perdón.
Sanación:
La corrección en la mente de la creencia de estar separados de Dios.
La enfermedad es una decisión que tomamos se da en la mente por lo tanto la sanación también se encuentra allí.
Segunda venida:
El recobrar consciencia de nuestra verdadera identidad.
Separación:
La creencia en el pecado de que hemos atacado a Dios, de que le hemos fallado y le hemos traicionado. La creencia de que se nos ha exiliado y desterrado del cielo.
La creencia de que somos un cuerpo deambulando en busca de una experiencia espiritual y no un espíritu unido eternamente a su Fuente en busca de una experiencia física.
Ser:
Nuestra verdadera identidad, unida eternamente a la Fuente que como producto de su inconmensurable amor le dio origen.
Sueño:
El estado en el cual el Hijo de Dios se percibe separado de su Padre. El nivel donde se fabricó el cuerpo, donde se dio origen a la percepción.
Donde se percibe como posible que lo eterno, lo invulnerable pueda cambiar.
El nivel donde el Hijo de Dios cree ser el Padre y no el Hijo, donde causa y efecto se invierten.
Tener / Ser:
El estado de plenitud donde al saber quiénes somos, reconocemos que lo tenemos todo.
El mundo del ego nos persuade y nos dice que cuanto más tenemos, más somos. Un Curso de Milagros nos recuerda que entre más conscientes somos de quienes somos, más conscientes nos hacemos de que todo lo tenemos.
Tiempo:
Elemento del mundo de la ilusión fabricado en contraposición con la eternidad.
Del tiempo hace uso el ego para perpetuar el pasado. Apela al pasado en todo momento para asegurarnos que el futuro será tan dramático como el pasado, salteándose el presente. El Espíritu Santo si se lo permitimos, como todo lo fabricado por el Hijo de Dios, hará uso del tiempo a favor de Dios y de la felicidad de su Hijo. Al des-hacer el error mediante el perdón se produce el milagro que es un verdadero colapso del tiempo, el tiempo parece paralizarse, todo es posible y damos paso al plano de todas las posibilidades, la eternidad.
Trinidad:
Dios el Padre, su Hijo Cristo, nuestra verdadera esencia, el verdadero Ser, y el Espíritu Santo, el nexo entre Padre e Hijo, el re-interprete, el vínculo eterno e indisoluble.
