Uso del texto de UCDM
Nada indica que el curso culmina en un año, si bien el Libro de Ejercicios o Lecciones nos plantea 365 lecciones en sus 522 páginas. Estas lecciones se suman al libro de Texto de 754 páginas y al Manual del Maestro de 100.
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Incluso, luego de las 365 lecciones Jesús nos recuerda: “Este curso es un comienzo, no un final”.
Un año es el tiempo “sugerido” para llegar a entender básicamente los procesos mentales, la terminología del curso, sus herramientas y su mensaje. Nunca se indica ni se da por hecho los senderos que ha de tomar en un año cada proceso, cada mente, pues con Dios todo es posible.
Es importante resaltar, que si bien el curso está planteado en un lenguaje cristiano, no se limita a ninguna corriente religiosa establecida o considerada como oficial. Aborda desde una profundidad contundente temas de carácter universal, sin exigir que el participante tenga un camino recorrido en alguna filosofía o religión particular antes de entrar en contacto con sus principios.
Nos dice Cristo en uno de los pasajes del Manual del Maestro: “No importa lo que…(hayas sido) antes de oír la Llamada”.
En una etapa inicial del proceso de estudio, con la finalidad de caminar juntos, como protagonistas de una misma experiencia con todos aquellos que de manera franca y sincera inician el despuntar de su mente hacia el amor, en lo que podríamos llamar “encuentro y familiarización” con las enseñanzas del Curso, nacen los grupos de estudio.
Una dinámica de terapia grupal, cuyo objetivo primordial es apoyarnos todos quienes hemos oído el llamado de Dios, y vamos retomando el camino de regreso a casa, a través de la observación de una comunicación honesta y franca, en el marco de las enseñanzas del Curso, nos acompañamos en la realización de ejercicios, lectura del texto y en la aclaración de aquellas interrogantes que puedan ir surgiendo.
Si bien el alumno puede optar por estudiar el Curso “por su cuenta”, los grupos de estudio permiten no caer en la complacencia o auto-engaño en cuanto al avance en el camino recorrido.
Este es un proceso individual de cambio de percepción. Es una filosofía de vida y cada persona basada en el deseo de despertar, de sanar, que tenga al momento de iniciar el proceso y durante el mismo, avanzará a su ritmo y eso será perfecto.
Si bien en el Texto, en las Lecciones, así como en el Manual del Maestro se contempla la figura del maestro de Dios, se elija realizar el camino mediante la participación en un grupo o bien en forma individual, de una manera u otra, siempre, sin excepción se nos proporcionarán absolutamente todos los medios (maestros y experiencias) requeridos para arribar con éxito a la meta, llegar a Dios.
Dios no limitaría la experiencia de llevar de vuelta a casa a su Hijo, a ninguna forma en específico.
Por lo que toda experiencia que se elija será ideal, y será usada por el Espíritu Santo como un medio al servicio de la restitución de la paz en nuestra mente.
En todo caso en relación al aprendizaje y a la preparación, el Curso es específico con ello:
“Todo buen maestro espera impartir a sus estudiantes tanto de lo que el mismo ha aprendido, que algún día dejen de necesitarlo; este es el verdadero y único objetivo del maestro.
Luego de un tiempo: “Ya no se asignarán más lecciones específicas, pues ya no son necesarias. En lo sucesivo, oye tan sólo la Voz que habla por Dios y por su Ser cuando abandonas el mundo para buscar en su lugar la realidad”.
No obstante, sabremos perfectamente, más allá de la forma y el camino por el cual optemos para estudiar el Curso, cómo vamos avanzando a través de él. Nos indica Un Curso de Milagros:
“Existe una sola prueba -tan infalible como Dios- con la que puedes reconocer si lo que has aprendido es verdad; Si en realidad no tienes miedo de nada, y todos aquellos con los que estás o todos aquellos que simplemente piensan en ti comparten tu perfecta paz, entonces puedes estar seguro de que has aprendido la lección de Dios y no la tuya; a menos que sea así, es que todavía quedan lecciones tenebrosas en tu mente que te hieren y te limitan, y que hieren y limitan a todos lo que te rodean”.
LIBRO DE TEXTO
Dividido en 31 capítulos, 754 páginas, en él se nos plantean diversos temas de “interés universal”.
En el libro de Texto, Jesús el Cristo, la Voz del Espíritu Santo, nos habla siempre en primera persona.
Allí Jesús a través de los capítulos nos recuerda cómo pasar de la culpabilidad a la inocencia, cómo des-hacer la culpa a través del auténtico perdón, entregando todo tema y situación que nos perturbe al Espíritu Santo para su resolución, en el entorno de la paz y la dicha absoluta, haciendo referencia permanente a la unicidad que existe entre su mente y la nuestra, como la Mente unificada del Hijo de Dios, la mente de la Filiación.
La mente Crística, la mente de Jesús el Cristo, es sinónimo de Espíritu Santo.
Es el nexo entre Dios el Padre y su Hijo.
Cuando Jesús nos insta a entregarle un problema a Él, es una invitación a entregar dicho problema al Espíritu Santo, confiándoselo para su solución.
Cada uno marca individualmente el ritmo de la lectura de capítulos, en función del deseo a despertar que se tenga. No existen pautas acerca de cómo ir leyendo los capítulos, si bien sugiere un orden cronológico. Por otra parte, a medida que vamos leyendo y nuestra mente va “asimilando” los temas que Jesús nos plantea en el texto, vamos produciendo cambios en nuestra percepción y por consiguiente en todo lo que nos rodea.
No se producirán cambios en nuestro entorno que escapen a nuestra comprensión, lo que aumentaría el miedo. Recordemos que el objetivo del Curso es alejarnos del miedo y acercarnos al amor.
Por ello es importante que si bien no hay pautas acerca de cómo leer el libro, ni con qué ritmo, es importante leer con continuidad para mantener cierta “dinámica” de cambio en la mente.
Jesús nos recuerda: “Una mente sin entrenar no puede lograr nada”.
Durante el transcurso de los capítulos, así como en las lecciones o ejercicios, notaremos términos que aparecen en mayúsculas. Estos se relacionan a acciones emprendidas desde nuestra Mente Recta a través de la labor del Espíritu Santo. Es Él quién las lleva a cabo cuando aparecen en mayúscula, a diferencia de cuando las emprendemos desde nuestro personaje o ego.
LIBRO DE EJERICIOS (Lecciones)
La única recomendación que nos hace Un Curso de Milagros en el libro de ejercicios es:
“No intentes hacer más de una serie de ejercicios por día”. Y: “Asegúrate de no decidir por tu cuenta que hay ciertas personas, situaciones o cosas a las cuales no se les puede aplicar estas ideas. Por otra parte, una sola cosa que se excluya de la percepción verdadera imposibilita sus lograros en cualquier otra parte”.
Nos indica el Curso en relación a las lecciones:
“El libro de ejercicios está dividido en dos secciones principales. La primera está dedicada a anular la manera en que ahora ves, y la segunda, a adquirir una percepción verdadera”.
En ocasiones los ejercicios nos parecen “sencillos” o demasiado “triviales”.
No nos equivoquemos. Se trata de lecciones o ejercicios sumamente poderosos en la re-programación de la mente. Re-programación, que más allá que no “veamos”, se está produciendo.
No es nuestra función evaluar ni juzgar la complejidad de los ejercicios. Incluso se nos menciona:
“Algunas de las ideas que el libro de ejercicios presenta te resultarán difíciles de creer, mientras que otras tal vez te parezcan muy sorprendentes. Nada de eso importa. Se te pide simplemente que las apliques tal como se te indique. No se te pide que las juzgues. Se te pide únicamente que las uses. Es usándolas como cobrarán sentido para ti, y lo que te demostrará que son verdad”.
Si un ejercicio nos “cuesta”, o notamos que nuestro estado de paz se ha visto alterado al realizarlo, podemos destinarle al menos un par de días, ya que es un ejercicio que está “ajustando” determinado tema a corregir. Es posible hacer dicho ejercicio durante un par de días y luego continuar con la secuencia.
Puede suceder, en ocasiones, que estemos realizando un ejercicio y a la mente acudan ejercicios anteriores. Eso es perfecto.
Este tema es recurrente y lógico, ya que los ejercicios anteriores siguen trabajando aún cuando ya los hayamos realizando y sigamos con la frecuencia sugerida. Estos ejercicios pasados ya están trabajando para “salir a la luz” cuando son necesarios.
No deberíamos regresarnos a ejercicios anteriores, ni al inicio, por pensar que no recordamos los ejercicios o lecciones que hicimos hace un tiempo. Estos han quedado en la mente y aflorarán cuando se les necesite.
MANUAL DEL MAESTRO
Todos somos alumnos y maestros al mismo tiempo.
¿Qué deseamos aprender?
Esto debemos tenerlo muy en cuenta, ya que lo que deseamos aprender es aquello que debemos enseñar.
El Curso nos indica que: “enseñar es aprender, no existe ninguna diferencia entre el maestro y el alumno. Enseñar es un proceso continuo, que ocurre en todo momento del día y que continúa igualmente en los pensamientos que se tienen durante las horas de sueño”.
Un Curso de Milagros nos invita, una vez que manejemos su terminología y su mensaje, a convertirnos en verdaderos maestros de esta maravillosa filosofía, y que en conjunto con absolutamente todas aquellas personas con las que entremos en contacto, vivamos cada experiencia como verdaderos protagonistas y tomadores de decisiones a través del Espíritu Santo.
“Enseñar es demostrar. Existen solamente dos sistemas de pensamiento, y tú demuestras constantemente tu creencia de que uno u otro es cierto. De tu demostración otros aprenden, igual que tú”.
El objetivo del Curso es finalmente que prescindamos de un Maestro, considerando que el verdadero Maestro es el Espíritu Santo con el que contamos absolutamente todos, en virtud que Dios nos creó imparcialmente y que todos contamos con este maravilloso guía.
“…el programa de estudios que estableces está determinado exclusivamente por lo que crees que eres y por la relación que crees que otros tienen contigo”.
La verdadera maestría se alcanzará cuando existe congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos, toda vez que el Curso nos indica: “ La enseñanza que yace tras lo que dices es lo que te enseña”.
Ejemplo de algunos ejercicios y su significado.
1.- Nada de lo que veo significa nada.
Nada de lo que vemos significa nada ya que no nos estamos percibiendo correctamente. Todo lo que vemos es reflejo de cómo nos vemos a nosotros mismos, y si la visión que tenemos de nosotros es errónea (enfermedad, carencia, abandono, soledad, limitación, culpa, miedo) lo demás lo será también. Lo que ahora creemos ver ocupa, obstruye, el verdadero lugar de la visión. Debemos despejar el camino de obstáculos (prejuicios, expectativas, deseos) para poder ver de verdad.
2.- Le he dado a todo lo que veo el significado que tiene para mí.
Hemos juzgado todo lo que vemos, y sólo eso es lo que vemos. Esto no es visión. Estamos viendo basados en juicios. Si queremos ver realmente hemos de desterrar todo juicio.
3.- No entiendo nada de lo que veo.
¿Cómo podemos entender aquello que vemos si partimos de un juicio erróneo? Lo que vemos es proyección de nuestros propios errores de pensamiento. De la idea de carencia o insuficiencia de la que partimos.
4.- Estos pensamientos no significan nada.
Los pensamientos que actualmente se encuentran instalados en nuestra mente, no significan nada ya que estamos pensando sin Dios. Lo que llamamos nuestros pensamientos, no son nuestros pensamientos reales. Son pensamientos provenientes de un juicio erróneo acerca de quiénes creemos ser.
5.- Nunca estoy disgustado por la razón que creo.
Tratamos de justificar en todo momento nuestros pensamientos, esto nos impide que veamos la razón real por la que estamos molestos. En todo momento buscamos que todo sea verdad a “nuestra manera”. A todo lo que vemos le adjudicamos un papel en función de cómo nos percibimos, perdiendo de vista su función real.
6.- Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí.
La realidad sólo brinda paz absoluta. Nunca podríamos disgustarnos por la verdad. El haberle conferido realidad a la ilusión, queriendo hacer real la nada, es lo que nos causa disgusto.
7.- Sólo veo el pasado.
Cuando vemos algo lo vemos a través de nuestra experiencia pasada. Ello hace que actuemos con esa cosa, persona o situación como lo hemos hecho en el pasado, basados literalmente en lo que el pasado nos enseño, creyendo fehacientemente que ya todo lo sabemos, entonces no lo vivimos como realmente es, sino como el reflejo de experiencias que ya no están. De esta forma siempre estamos convocando las mismas situaciones, reeditando el pasado.
8.- Mi mente está absorbida con pensamientos del pasado.
Nos guiamos por las experiencias pasadas para evaluar el presente. No podríamos usar una base más arbitraria y deformante para tratar de ver. Con ello sólo perdemos de vista el presente.
9.- No veo nada tal como es ahora.
La elección es entre ver o no ver. Si vemos basados en el pasado, no estamos viendo nada tal como es ahora. Sólo podemos ver las cosas, las situaciones o personas tal como son, sin desear obrar cambios sobre ellas. De otra manera les perdemos de vista.
10.- Mis pensamientos no significan nada.
Ningún pensamiento que pensemos sin Dios, separados de Él es real. Por lo tanto sólo aquellos pensamientos donde involucramos a Dios, donde nos dejamos guiar por el Espíritu Santo para que nos muestre lo que realmente hay allí, son reales y verdaderos, los otros, no son buenos ni malos, simplemente no existen.



